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Closer

Feb 18, 2022

We continue to struggle to speak of and learn from our history. Increasingly, states and jurisdictions are banning the study of and conversations about slavery and the holocaust. At this pace, one wonders will we also ban conversations of woman’s suffrage? The vehemence of those determined to outlaw the truth only makes the need for the truth more evident and urgent. The rising opposition in accepting the most unflattering part of ourselves demonstrates our profound lack of sophistication with the truth. Shame and guilt are not the only two responses to tragic truths individually, communally or societally. The bible tells us, Joseph was thrown into a pit by his brothers and sold into slavery. And though Joseph is able to rise from that pit to power by providence, there is a more compelling story to be told. Joseph seems to learn that without confession and reconciliation, even incredible influence and affluence are hollow. Joseph says to his brothers, “Come closer to me.” And they came closer. He said, “I am your brother, Joseph, whom you sold into Egypt.” Progress for our individual families, the American family and our human family, will not come through legislated avoidance of and distance from the hardest truths of our common life but when we find the grit and grace to draw closer, confess our sins and allow ourselves to be undeservedly forgiven.

Genesis 45:3-11, 15


For People with Bishop Rob Wright

The podcast expands on Bishop’s For Faith devotional, drawing inspiration from the life of Jesus to answer 21st-century questions.


Cercanía

Continuamos enfrentando problemas para hablar y aprender de nuestra historia. Cada vez más, los estados y jurisdicciones prohíben la enseñanza y las conversaciones abiertas sobre temas como la esclavitud y el holocausto. A este ritmo, uno se pregunta ¿Prohibiremos también las conversaciones sobre el sufragio femenino? El ímpetu de aquellos decididos a prohibir la verdad solo hace que la necesidad de hablar la verdad sea más evidente y urgente. La oposición creciente al aceptar la parte más vergonzosa de nuestra historia demuestra nuestra profunda falta de sofisticación con la verdad. La vergüenza y la culpa no son las únicas dos respuestas a verdades trágicas individuales, comunitarias o sociales. La Biblia nos dice que José fue arrojado a un pozo por sus hermanos y vendido como esclavo. Y aunque José es capaz de levantarse desde esa fosa al poder por providencia divina, hay una historia más convincente que se debe contar. José parece aprender que, sin confesión y reconciliación, incluso la influencia increíble y la riqueza son huecas. José dice a sus hermanos: «Acérquense a mí». Y se acercaron. Él dijo: «Yo soy su hermano, José, a quien vendieron en Egipto». El progreso para nuestras familias individuales, la familia americana y nuestra familia humana, no vendrá a través de la evasión y distancia legislada de las verdades más duras de nuestra vida común, sino cuando encontremos la contienda y la gracia para acercarnos, confesar nuestros pecados y permitirnos ser perdonados inmerecidamente.

Génesis 45:3-11, 15