February 26, 2021

Self-examination means we pause and check-in with our soul. And we ask our soul two questions: What are my patterns? And, do they increase well-being? Ultimately the practice of self-examination is a gift because it moves us from blindness to gaining new sight. Recent laundry commercials tell us about something called nose blind – where we smell a smell so often we get used to it and cease to be able to detect or describe it no matter how odorous. Self-examination invites us to consider the possibility of what we could call “soul-blindness,” or the inability to detect or describe the ways in which our soul is blind. Soul-blindness happens because of un-named or unprocessed pain or being overrun by fears or because of ignorance or unwillingness to reconsider convictions. The most pervasive example of soul-blindness is the ability to recognize flaws in everyone without being able to see our flaws. Jesus talked about the ability of seeing specks in others’ eyes while refusing to see the log in our own eye.

– An excerpt from Bishop Wright’s 5 Lenten Questions video series.


5 Lenten Questions with Bishop Rob Wright

Join Bishop Wright in a 5-part video series to help guide us during this season of sacrifice and self-examination.


Autoexamen

El autoexamen significa que hacemos una pausa y nos comunicamos con nuestra alma. Y le hacemos dos preguntas a nuestra alma: ¿Cuáles son mis patrones? ¿Y aumentan el bienestar? En última instancia, la práctica del autoexamen es un regalo porque nos mueve de la ceguera a obtener una nueva visión. Los comerciales de lavandería recientes nos hablan de algo llamado nariz ciega: cuando olemos un olor tan a menudo que nos acostumbramos a él y dejamos de ser capaces de detectarlo o describirlo sin importar cuán oloroso sea. El autoexamen nos invita a considerar la posibilidad de lo que podríamos llamar “ceguera del alma” o la incapacidad de detectar o describir las formas en que nuestra alma está ciega. La ceguera del alma ocurre debido a un dolor no identificado o no procesado o por estar invadido por miedos o por ignorancia o falta de voluntad para reconsiderar las convicciones. El ejemplo más generalizado de ceguera del alma es la capacidad de reconocer los defectos de los demás sin poder ver nuestros propios defectos. Jesús habló sobre la capacidad de ver motas en los ojos de los demás mientras se rehusaba a ver el tronco en nuestro propio ojo.

– Un extracto de la serie de videos del Obispo Wright sobre 5 Preguntas de la Cuaresma